
En las diferentes escuelas en las que me he desempeñado como profesor he tenido algunos compañeros de trabajo que no solo se quejan por la falta de comprensión de las autoridades hacia su trabajo, sino que han convencido a veces a grupos de profesores, estudiantes y padres de familia para cerrar escuelas y quitar autoridades. Pienso que la mayoría de los profesores en algún momento de nuestra práctica docente hemos sentido algunos de los síntomas del “malestar docente” (nos quejamos que no nos tomen cuenta en la Reforma, que no valoren nuestro trabajo académico, insuficiente infraestructura en nuestra escuela, etc.) que se anotan como comentario del trabajo de José Manuel Esteve y como introducción al foro “La aventura de ser maestro”.
Me parece hasta normal que los profesores presentemos síntomas del malestar docente cuando se va aprendiendo la profesión de ser maestro. Lo grave radica en que los profesores nos estanquemos en los síntomas y no hagamos nada para superarlos. Es fácil ser un francotirador en educación (en el sentido de estar viendo solo los aspectos negativos que, sin duda, existen pero que uno los magnifica), es más difícil ser propositivo y comprometerse con acciones para corregir los problemas académicos que se presentan en el aula.
Los profesores somos seres humanos y cometemos muchos errores, sobre todo, cuando nos iniciamos en esta noble profesión. Los alumnos son listos para darse cuenta cuando un profesor finge y es un “mala onda”, o bien, es un “maestro barco”; a ellos no se les puede engañar, ni se puede ir contra ellos, por simple aritmética, los alumnos de un grupo son más. Relato una anécdota al respecto: hace poco, un compañero profesor que tenía experiencia de años en niveles educativos básico y medio básico, se empleó como profesor de matemáticas en una licenciatura. Llegó al grupo con aires de matón y de sabelotodo. Los alumnos lo midieron y aguantaron las primeras clases y, en un descuido del profesor, le robaron la “hojita” donde traía los problemas resueltos de la clase. Cuentan que el profesor no supo cómo resolver los problemas y, ante las sonrisas burlonas de sus alumnos, dio por terminada la clase, y el grupo pidió su baja definitiva ante las autoridades.
Saber reconocer los errores y comprometernos a corregirlos nos va ayudando a dominar la ansiedad que se tiene al inicio como profesor y se genera poco a poco un sentimiento de libertad, como se dice en el documento “La aventura de ser maestro”: libertad para planear las actividades de clase a corto y mediano plazo, libertad y seguridad para decir y hacer las cosas y enseñar de otro modo sin regarla, lo cual se traduce en una mayor comodidad y placer para ser maestro.
En el hecho educativo aprendemos tanto alumnos como maestros. Cuando hay un verdadero aprendizaje no solo aprende el alumno sino también el maestro. Los alumnos me han mostrado formas diferentes de pensar la solución de un problema, y yo las he aceptado con gran asombro y alegría porque, además, los procedimientos enseñados por los alumnos son sencillos, frescos, naturales y originales, que uno dice: “cómo es que no se me había ocurrido”. Los alumnos a cada momento nos recuerdan su chispa y genialidad para resolver problemas que muchos profesores hemos perdido porque nos cuadramos en conocimientos y formas de proceder anquilosados, prejuicios sociales y estereotipos definidos como el que dice que el maestro solo enseña y el alumno solo aprende.
Deseo resaltar dos cosas que se mencionan en la lectura citada y que ayudan a contrarrestar los síntomas del malestar docente: hay que aprender a ser maestros de humanidad, y que el acto de educar es un acto de misericordia, en el sentido de que debe enseñarse con humildad a los demás. En cuanto a ser maestro de humanidad me recuerda la concepción de educación como algo universal y cósmica de José Vasconcelos, el maestro de América, que desde la SEP, en los años veinte, implementó y quiso redimir a la raza de bronce en el contexto mundial.
Un profesor que se siente agobiado por los síntomas del malestar docente es fácil que repita constantemente sus mismos apuntes y ejemplos, por años. Pienso que los profesores tenemos que conocer la historia de las ciencias que se relacionan con las asignaturas que impartimos y que nos permita innovar. Para promover aprendizajes de mejor calidad, es importante que sepamos acerca de la evolución epistemológica e histórica de los conceptos que se trabajan en la clase.
Es cierto, muchos no fuimos preparados para ser maestros de grupo, pero se puede aprender si se quiere y se antepone la vocación de servicio a los estudiantes. Con ello estaríamos desarrollando una identidad profesional (dejar de pensar en los siguientes términos: “Ellos hacen como que me pagan, y yo hago como que trabajo”, esta actitud paraliza cualquier acción educativa); desarrollar habilidades de comunicación con el grupo y de intermediación entre los alumnos y los contenidos de la asignatura; acordar y aplicar una disciplina bien entendida con el grupo (La disciplina no es la imposición y aplicación unilateral de normas y reglas, por lo general, no consensuadas, en la clase. La disciplina tiene que ver con las acciones que invitan al trabajo colaborativo, que incentivan el respeto entre los miembros del grupo, incluido el profesor, donde se genera un orden convenido para cumplir con los trabajos relacionados con la asignatura); y saber adaptar los contenidos de la asignatura al nivel de los alumnos.
La lectura del documento “La aventura de ser maestro” me pareció interesante ya que me permitió recordar y reflexionar algunas de mis participaciones en foros anteriores como la de algunos de mis compañeros.

Hola nuevamente compañero Josueth. Creo que la aventura de ser docente como bien lo mencionas es un proceso por el que todos pasamos de una u otra forma. Sin embargo creo que el malestar al cual haces alusión es muy común en nuestro medio. Lo que si creo es que existen factores importantes que refuerzan ese malestar docente como los son: La desprofesionalización docente, el celularismo docente, y el proceso muy cotidiano denominado: docentes periacadémicos soy un convencido que si los docentes enmarcados en la EMS tomaramos más concienia sobre estos procesos tendríamos más compromiso y generariamos espacios propicios para el proceso y ambientes de aprendizajes.
ResponderEliminarSaludos: Ruve